Mientras la algarabía súbita de los pies sobre la cera, los motores tocen el dióxido de nitrógeno sobre la depresión intermedia. El día en que los engranajes lánguidos y desengrasados trabajan en las industrias, la vida comienza a convertirse en una triste tautología.
Cruzamos la calle, gradualmente los transeúntes comienzan a adquirir color, las hojas de otoño se entregan a la clarividente cera. Los pies se convierten en escritores, la algarabía en filosofía, el dióxido de nitrógeno en melodías. El día comienza a parir nuevos engranajes, jubilosos de mover vidas.
Corona y Piñón encontraron al otro engranaje, y con él supieron la nueva forma de mover al mundo. Mientras los zapatos desfilan monótonos en pié de guerra, hay otro pasaje a la vuelta de la esquina, donde los zapatos puntiagudos caminan en dirección helicoidal hacia el perenne ensueño.
El otro engranaje moverá día a día los estelares del mejor cine, con rostros como Kieslowsky, Jean-Pierre Jaunet o Bresson. Mientras puedes disfrutar las melodías de Yann Tiersen o Jorge Drexler. Ser parte imprescindible de la creación literaria contemporánea, a través de la valorización crítica, o simplemente el goce artístico de un buen plato de letras. Por último, serás espectador y actor de un vasto análisis semanal sobre la contingencia chilena e internacional.
Mauricio Ponce Bollmann, el engranaje mayor más conocido como Corona, y Felipe Ponce Bollmann, el engranaje menor más conocido como Piñón , les da la cordial bienvenida a este jolgorio cultural llamado ''El otro engranaje''.